Campo

   La tarde está muriendo

como un hogar humilde que se apaga.

   Allá, sobre los montes,

quedan algunas brasas.

   Y ese arbol roto en el camino blanco

hace llorar de lástima.

   ¡Dos ramas en el tronco herido, y una

hoja marchita y negra en cada rama!

   ¿Lloras? ... Entre los álamos de oro,

lejos, la sombra del amor te aguarda.

      

   Caminate, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,

sino estelas en la mar.